lunes, 19 de noviembre de 2012

BORBONES / LA NUEVA TÍA BASTARDA DEL REY (Y II)

BORBONES / LA NUEVA TÍA BASTARDA DEL REY (Y II)
«A LOS NENES, UN BESO DE TU ALFONSO»
LA TORRIDA RELACION que Alfonso XII mantuvo con la cantante Elena Sanz queda perfectamente recogida en las cartas de amor que el enamorado envía a la madre de sus dos hijos naturales. CRONICA ha tenido acceso a las cartas que guarda la nueva tía bastarda del Rey
CONSUELO FONT
Elena Sanz, cantante de ópera, y Alfonso XII se conocieron en 1878 tras el estreno de la ópera 'La Favorita'
Elena Sanz, cantante de ópera, y Alfonso XII se conocieron en 1878 tras el estreno de la ópera 'La Favorita'
Idolatrada Elena: siempre que puedo, bien te miro y se me van los ojos detrás de ti y tras ellos, mi corazón y mis sentidos. Mil besos de tu invariable. Alfonso».
Estas arrebatadas palabras reflejan fielmente la pasión de un hombre enamorado. Están escritas a pluma en un papel que el paso del tiempo ha amarilleado. Son un documento histórico. Porque el Alfonso que firma la carta es nada menos que el rey Alfonso XII. Y su destinataria, la cantante de ópera Elena Sanz, su gran amor en la sombra.
Forman parte del tesoro particular que guarda María Luisa Sanz de Limantour. La dama francesa de 81 años, afincada en Marbella, que la semana pasada reveló en CRONICA su identidad de nieta de Alfonso XII. Su padre, Alfonso Sanz, según afirma, fue uno de los dos hijos que nacieron de los amores de este monarca y Elena Sanz. María Luisa subraya el sacrificio que hizo su abuela por el amor del rey. «Lo dejó todo: su carrera, el éxito y la fortuna que empezaba a ganar con el bel canto. ¿Puede haber mayor prueba de amor? Pienso que el rey también estaba enamorado. Fue la mujer con la que mantuvo una relación más larga, y la primera que le dio un hijo».
En un maletín bajo llave, María Luisa guarda celosamente las únicas cartas que se conservan de esta historia de amor. Misivas que muestran a un Alfonso XII entregado a la bella cantante, a quien se dirige como «mi adorada» o «mi idolatrada o Elena». A veces se muestra ardiente: «Te hubiera comido a besos y me pusiste Dios sabe cómo». Otras, impaciente: «Cada minuto te quiero más y deseo verte». Pero también, llano y castizo cuando denomina «la guita» al dinero. En todo caso, las cartas demuestran que dentro de su armazón de rey se escondía un hombre tierno y, probablemente, enamorado.
Elena Sanz Martínez de Arrizala nació en Castellón en 1844. Su padre era primo del marqués de Cabra, por lo que, aunque sin fortuna, tenía cierta pátina aristocrática. Con 10 años ingresó en el madrileño colegio de las Niñas de Leganés, donde aprendió canto, llegando sus dotes a oídos de la reina Isabel II, madre de Alfonso XII, que se convertiría en su más rendida admiradora. Tras estudiar en el Real Conservatorio, entró en la compañía de la diva Adelina Patti, con la que cosechó éxitos por todo el mundo. María Luisa afirma: «Mi abuela fue una gran estrella: actuó en el Teatro Real de Madrid con el tenor Gayarre, en Suramérica tuvo enorme éxito, y llegó a cantar en la Scala de Milán y la ópera de Viena».
En la capital austriaca tuvo lugar su primer encuentro con el futuro Alfonso XII, en 1872. Éste contaba 15 años, y la cantante era una mujer de 28. La cita fue auspiciada por Isabel II -exiliada en París tras ser destronada por la Revolución de 1868- que le pidió: «Visita a mi hijo, que estudia en el colegio Teresiano». Alfonso quedó extasiado ante la diva, como reflejó Pérez Galdós en sus Episodios Nacionales. «Vestida con suprema elegancia, la belleza de la insigne española produjo en la turbamulta de muchachos una especie de estupor».
Parece que la soberana empujo a su hijo a los brazos de Elena para evitar que se casara con su prima Mercedes, hija de la Infanta Luisa Fernanda, con cuyo padre, el traidor duque de Montpensier, había hecho un pacto. De nada valió la treta a la reina. Elena Sanz se fue de gira por Suramérica, de donde regresó madre de un varón de padre, éste sí, desconocido. María Luisa lo confirma: «Sí, es cierto, tío Jorge, era el hermano mayor de mi padre». Y Alfonso cayó rendido ante su prima Mercedes al conocerla. Se casó con ella en la madrileña basílica de Atocha el 23 de enero de 1878, siendo ya rey. Pero Mercedes murió seis meses después de la boda. Alfonso XII se sumió en tal desesperación, que sus allegados temieron que cometiera una locura.
Su consuelo llegó gracias al estreno de la ópera La Favorita en el madrileño Teatro Real, en la que actuaba Elena Sanz. Cuando subió al palco a cumplimentar al monarca, renació la fascinación de éste. Alfonso XII se convirtió en su fiel seguidor, como atestigua otra de las cartas, donde dice: «Idolatrada Elena: mucho gusto he tenido en verte todos los días en estas funciones».
¿Echó de nuevo Isabel II a Elena Sanz en brazos de su hijo? María Luisa así lo atestigua. «Alfonso estaba desolado y a la reina le alegró que recuperara la ilusión. Ahora, no sé si hubiera llegado a apoyar una boda entre ambos, en aquel tiempo los reyes se casaban con miembros de familias reales».
Elena Sanz acabó sucumbiendo al amor del rey, abandonando los escenarios. Alfonso XII, loco de pasión, aprovechaba cualquier resquicio para ver a su amante, como demuestran sus cartas. «Amor mío, mañana miércoles 15, a las 11 menos cuarto, espero estar en tus brazos». Hay una escrita en el soporte de una foto, donde aparece el sello P. M. Hebert. Fotógrafo de SSMM. En ella de despide «hasta el próximo día que cacemos en furtivo, amor mío». La foto, donde aparece un inédito Alfonso XII con atuendo de caza, preside hoy el salón de la vivienda de María Luisa.
Al año siguiente, en 1879, sobre la pareja planean las primeras sombras. Cánovas, jefe de Gobierno que propició la Restauración, plantea al Rey la urgencia de una nueva boda para dar un heredero. Consciente de sus deberes, Alfonso XII accede a su pesar. «Me casaré si me buscan ustedes novia». La elegida fue María Cristina de Habsburgo, sobrina del emperador de Austria, inteligente, pero poco agraciada. Se casaron en Madrid ese 28 de noviembre, mientras su romance con Elena Sanz seguía viento en popa. Dos meses después, el 28 de enero de 1880, la cantante dio a luz un niño, al que puso Alfonso. Era el padre de nuestra protagonista, María Luisa.
LA SEÑORITA «X»
Aunque nació en París, fue un secreto a voces, del que la prensa se hizo eco. El diario La Publicidad informó. «Hace unos días, la señorita X dio a luz en París un niño. Se asegura que el acta de nacimiento, hecha en presencia de un embajador, se ha redactado de forma que el recién nacido sería llamado a recoger la sucesión al trono». Cierta o no la noticia, María Luisa asegura: «Había gente que al ver a mi padre, que era entonces un niño muy pequeño, gritaba ¡Viva el Rey!».
La reina María Cristina no lograba alumbrar un varón. Tuvo dos niñas seguidas, las infantas Mercedes y Teresa. Alfonso XII, decepcionado, vivía en una encrucijada: por una parte, su amor por Elena y el ansiado varón, que no podía subir al trono. Por otra, su deber como rey. Una compleja situación que se refleja en sus escritos. «Adorada Elena: perdón si anoche te hice tanto sufrir. Varias veces me desperté pensando en ti y lleno de remordimientos».
Después de tener a Alfonso, la cantante regresó a Madrid, donde en febrero de 1881 nació su segundo vástago. Otro varón, Fernando, para desgracia de María Cristina. En plena lactancia del bebé, la reina lanzó un ultimátum: o salía de Madrid la cantante con su innoble prole o ella regresaría a Austria. Elena Sanz tuvo que afincarse en París con sus hijos, sobreviviendo con las 5.000 pesetas mensuales que le mandaba el rey. No siempre puntual. «Querida Elena: hasta hoy no te he podido remitir lo que va adjunto porque cerré el mes con deudas y sin un cuarto», se excusaba en una carta.
Dicen que la pasión del monarca perdió fuelle con la distancia. O quizá por la tuberculosis, que acabó con su vida el 25 de noviembre de 1885 con 28 años. María Cristina, embarazada del futuro Alfonso XIII, se convirtió en regente y retiró la pensión a Elena Sanz. Para sobrevivir tomó una difícil decisión: en el Acta de París, firmada en 1866, entregó a un representante de la Casa Real 110 documentos, en su mayoría cartas, que acreditaban la paternidad de Alfonso XII. A cambio se garantizó a sus hijos 31.000 francos en un depósito de deuda exterior, que podían retirar en su mayoría de edad, convertidos en 700.000. De su custodia se encargó Prudencio Ibáñez, banquero de la familia real.
Sin embargo, tras morir Elena Sanz en 1898, el banco que custodiaba los títulos quebró. Cuando los hermanos reclamaron su fortuna, no había nada. Según María Luisa, «la reina y ese banquero Ibáñez les quitaron todo. Lo malo es que mi abuela firmó documentos donde quedaba despojada de todo, incluso del título de conde de Valencia que Alfonso XII concedió a mi padre».
En 1907, Alfonso Sanz, padre de nuestra protagonista, inició un pleito reclamando su filiación como hijo de Alfonso XII, pero lo perdió. El juez dictó que «un monarca no estaba sujeto al Derecho común». Es decir, no se le podían reconocer hijos fuera del matrimonio. A partir de ahí, decidió borrar su pasado. Fue director de Peugeot en París. Y su matrimonio con la hija de un millonario mexicano, Guadalupe de Limantour, le colocó en la órbita de la alta sociedad. Jamás quiso recordar sus orígenes. María Luisa recuerda «Mi padre sufrió mucho por su madre. Veía que la habían despreciado y engañado». También se negó a tener relación alguna con la familia real. «Salvo con Isabel II y su hija, la Infanta Eulalia, no quiso saber de nadie. Don Jaime, hermano de don Juan, quiso verle pero mi padre le daba largas». A punto estuvo de producirse un encuentro entre el rey Alfonso XIII, ya exiliado, y Alfonso Sanz. «Llamó la infanta Eulalia para decir que la cita se cancelaba. Supongo que Alfonso XIII no se atrevió a enfrentarse con mi padre».
Han pasado muchos años, y en María Luisa no han hecho mella viejos rencores. «No quiero hacer daño a la Familia Real. Sólo pido que se me reconozca quién soy, y llevar el apellido Borbón. Es mi derecho. Las cosas no son como antes». En España, la justicia reconoció por vez primera a un bastardo, Leandro de Borbón, como hijo de rey. Un portavoz de Zarzuela ha comentado a CRONICA, a raíz del reportaje donde María Luisa dice ser nieta de Alfonso XII: «La Casa de Su Majestad nada tiene que decir. Todo ciudadano es libre de ejercer sus derechos para demostrarlo, como hizo don Leandro. Hay que recordar que la Casa de Su Majestad jamás se opuso».

«DIME SI NECESITAS GUITA» La correspondencia de Alfonso XII con Elena Sanz se prolongó durante seis años (1878-1885, año en que fallece el rey). María Luisa Sanz conserva ocho de esas cartas, que su padre guardaba en un cofre.
IDOLATRADA ELENA: Cada minuto te quiero más y deseo verte, aunque esto es imposible en estos días. No tienes idea de los recuerdos que dejaste en mí. Cuenta conmigo para todo. No te he escrito por la falta material de tiempo. Dime si necesitas guita y cuánta. A los nenes un beso de tu (firma) Alfonso.
ELENA MIA: Qué monería de retratos y cómo te lo agradezco. El chico hace bien en agarrarse a lo mejor que tiene y por eso le va a gustar tocar la campanilla. Tú estás que te hubiera comido a besos y me pusiste Dios sabe cómo. Daría cualquier cosa por verte mas no es posible. Recibe un abrazo, (firma) Alfonso.
QUERIDA ELENA: Hasta hoy no te he podido remitir lo que va adjunto porque cerré el mes con deudas y sin un cuarto. Me castigo por el retraso, según verás, remitiéndote 500 pesetas de plus. Seré más exacto en adelante. Me alegro de que el nene esté bueno. Mil besos de tu (firma) Alfonso.
 http://www.elmundo.es/suplementos/cronica/2006/570/1159653602.html

domingo, 18 de noviembre de 2012

de frontones por madrid

El último frontón de Madrid, amenazado de ruina

  • La Unesco exige la rehabilitación del 'Beti-Jai', amenazado de ruina
  • Se ha creado una plataforma ciudadana para salvarlo
  • El Frontón Madrid, otro santuario de la pelota, será un hotel de lujo
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José G. Concepción 27.11.2008El 'Beti-Jai' ("Siempre fiesta", en euskera) es el último frontón de Madrid, una ciudad  que vivió una intensa actividad pelotari hasta bien entrada los años treinta, con cuatro grandes frontones  que ofrecían una programación  diaria de pelota a más de 16.000 espectadores en una ciudad que apenas superaba los 800.000 habitantes.  Esta considerado  desde los años noventa como un monumento histórico artístico por sus características singulares. Se encuentra en ruina y con peligro de venirse abajo por la desidia de la Administración que lleva más de una década sin actuar.

La UNESCO  quiere declararlo monumento Patrimonio de la Humanidad no sólo por sus singularidades arquitectónicas, sino por haber albergado una actividad deportiva tan antigua como la pelota, pero exige un plan de rehabilitación integral y un compromiso de uso, relacionado con la pelota. Así ocurrió con el "Puente Colgante" de Bilbao que desde hace dos años goza con el privilegio de ser un momento catalogado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

Está situado en la calle Marqués de Riscal,  en uno de los barrios más lujosos y distinguidos de Madrid, en pleno barrio de Chamberí. Construido en 1893 por Joaquín Rucoba (1844-1919) el arquitecto cántabro que construyó entre otros edificios el teatro Arriaga de Bilbao y la plaza de toros de Málaga. Está considerado como la Capilla Sixtina de la pelota y es un ejemplo singular, con elementos neomudéjares y una balconada de hierro forjado única. El tsunami especulador quiso acabar con el 'Beti-Jai' y hasta se quiso transformarlo en un hotel. Rafael Moneo llegó a elaborar un anteproyecto, pero se retiró como otros arquitectos que no han querido contribuir con su firma en la desaparición del frontón.

Una plataforma ciudadana recientemente constituida  quiere evitar su definitiva desaparición, exigiendo a las autoridades públicas que intervenga con carácter supletorio en los primeros trabajos de consolidación y rehabilitación e inicie la expropiación ante la inacción  de los dueños del frontón. La platorma no quiere que desapararezca el 'Beti-Jai' como otros frontones históricos.

El Frontón Central, en la plaza del Carmen, fue demolido en los años cuarenta para ser transformado en un teatro y luego en unos cines. La piqueta acabó  en 1973 con el Recoletos,  una joya del ingeniero Eduardo Torroja que ideó  en  los años treinta del pasado siglo dos enormes bóvedas de cañón construidas en hormigón y sin apoyos intermedios cubriendo una superficie de 52X33 metros. Este alarde tecnológico sigue estudiándose en las Escuelas de Arquitectura. Otro santuario de la pelota está a punto de desaparecer.

El Frontón Madrid, inaugurado en 1929, se convertirá en unos meses en un hotel de lujo y en un estacimiento subterráneo. Termina así la lenta agonía de un edificio histórico,  situado a escasos metros de la Puerta del Sol. Cerrado hace veintisiete años en su cancha se disputaron trofeos como el de San Isidro que reunió a los mejores pelotarias. Fue el único frontón del mundo con el raro privilegio de contar con partidos de mujeres, las raquetistas. Esas misma mujeres ganaron a finales de los setenta una demanda por despido improcedente y tuvieron que se readmitidas después de que su empresa, el Frontón donde tantos partidos habían ganado, las echaran porque eran demasiado mayores y no podían jugar.

En el Frontón se rodó una película mítica, el "Crack", de José Luis Garcí de director y con Alfredo Landa como protagonista. Marcó una época. También fueron famosas en este recinto las veladas de boxeo y hasta conciertos de rock. Eran los últimos estertores de uno de los últimos santuarios de la pelota vasca.

El Beti-Jai puede acompañarle y desaparecer para siempre. Si esto ocurre la ciudad perderá parte de su historia, de su memoria colectiva, cuando la pelota era en los años treinta del pasado siglo  el deporte de moda y los pelotaris eran los ídolos del gran público como hoy ocurre con Rafa Nadal. La plataforma "salvemos al Beti Jai" quiere recrear en enero un partido de pelota en un gran frontón virtual. Desde el cierre del Fronton Madrid en los años 80 no ocurría esto en la capital, y los madrileños podrán disfrutar, como sus abuelos, de este deporte.
 http://www.rtve.es/deportes/20081127/fronton-madrid-patrimonio-humanidad/199633.shtml

martes, 6 de noviembre de 2012

Cuatro cosas que no debes hacer cuando pagas con tu tarjeta de crédito

Por Roberto Arnaz | Economía para todos – lun, 29 oct 2012 15:51 CET



Si vives en España, cuidado con el dinero de plástico. Nuestro país lidera el ranking europeo de delitos relacionados con la copia de las tarjetas y su posterior utilización fraudulenta, que se han disparado un 149% desde 2008, según los datos recogidos por la Agencia Europea de Seguridad de las Redes y de la Información.
Este tipo de delitos le costaron a las entidades financieras la friolera de 198 millones de euros sólo el año pasado, según un estudio de elaborado por la compañía de gestión FICO.
[Te puede interesar: Un cajero de Bankia da dinero sin solicitar el PIN de las tarjetas]
La clonación de tarjetas bancarias y su posterior uso indebido es relativamente sencillo, basta con obtener la información contenida en la banda magnética y hacerse la clave secreta de la tarjeta, el número pin. Para lograrlo sólo se necesita un lector, también conocido como 'card skimmer' y que apenas cuesta 10 euros, y alejar la tarjeta de la vista de su propietario durante cuatro segundos. Eso es todo.

Para evitarte quebraderos de cabeza, desde Yahoo! Finanzas te revelamos cuatro fáciles consejos con los que le pondrás más difíciles las cosas a los amigos de lo ajeno que pretendan dejarte la cuenta a cero:
1.- Nunca lleves la tarjeta y el PIN juntos
Con el 'boom' del dinero de plástico, cada vez más personas utilizan las tarjetas de débito y crédito como medio de pago habitual. En ocasiones tenemos tantas que resulta complicado acordarnos de su número PIN o número secreto. Por eso, puede resultar muy tentador y, aparentemente, muy práctico anotarlo en un papel y llevarlo siempre con nosotros.
De hecho, según un estudio realizado por la compañía MyVoucherCodes, alrededor del 13% de los ciudadanos lleva el PIN de su tarjeta anotado en la cartera. Este es el mayor error: si un ladrón logra huir con tu billetera, no solo tendrá tus tarjetas, sino también los códigos para tener acceso a tu dinero. En este sentido, también es muy recomendable que nunca lleves contigo todas tus tarjetas bancarias.
2.- Introducir el PIN sin tapar el teclado
El número secreto es la llave que da acceso a nuestro dinero, así que debemos evitar que nadie tenga acceso a él. Para nuestra economía es mejor pecar de paranoicos que mostrarnos despreocupados.
Tapa siempre el teclado, ya sea de un datafono o de un cajero automático, cuando introduzcas el número PIN, nunca se sabe quién puede estar mirando. Si estás en un cajero, echa un vistazo para ver si existen indicios de que ha sido manipulado antes de hacer cualquier tipo de operación.
Sin embargo, en ocasiones, ni siquiera estas precauciones son suficientes: los criminales utilizan ya cámaras térmicas o de infrarrojos para obtener de forma rápida y discreta, contraseñas recién introducidas a través de los rastros que deja en las teclas pulsadas nuestra temperatura corporal o la fuerza con las que las apretamos.
3.- Perder de vista la tarjeta de crédito
Cuando sacamos dinero de un cajero, solemos preocuparnos porque no haya nadie a nuestra espalda observando cómo introducimos el número PIN. Sin embargo, en tiendas o restaurantes no somos tan celosos con la seguridad de nuestro dinero de plástico, aunque deberíamos serlo.
Como hemos dicho más arriba, para clonarte la tarjeta únicamente se necesita un lector, también conocido como 'card skimmer' y que apenas cuesta 10 euros, y alejar la tarjeta de la vista de su propietario durante cuatro segundos.
Gran parte de la culpa de los fraudes con tarjetas copiadas es de los propios establecimientos comerciales, que obvian las medidas de seguridad más básicas, como pedir una identificación, DNI o carné de conducir, para comprobar que quien la está usando es su legítimo propietario.
4.- Tirar los comprobantes
Es fundamental guardar siempre los tiques de compra que entregan los comercios para disponer de pruebas con el importe, fecha, hora y lugar de cada transacción. Así podremos demostrar siempre qué es lo que compramos y su importe ante nuestro banco.
También es conveniente comprobar de manera minuciosa los extractos que facilita la entidad bancaria para identificar lo antes posibles operaciones fraudulentas en nuestra cuenta. En estos casos, la velocidad con la que descubramos los posibles fraudes facilitará la solución del problema.